Ya mi chiquillo ha dado algunos pasos
y apenas por mi mano retenido,
es como el ave que al dejar el nido
ensaya sus primeros aletazos.
Buscando el premio fiel de mis abrazos
se viene, ya del todo desprendido,
como por dos imanes atraído
al amante refugio de mis brazos.
Mientras le da su madre un casto beso,
sueña con verlo así, toda la vida
entre sus manos amorosas preso.
El padre, en tanto, al pronunciar su nombre,
sabe que es por el golpe y la caída
por lo que el niño se convierte en hombre.1
En este soneto el poeta costarricense Jorge Sáenz Cordero, nacido en Heredia en la víspera del siglo veinte, logra transmitir con paternal ternura lo que sienten tanto la madre como el padre de un niño que comienza a dar «Los primeros pasos», como se titula el poema. Tal vez no lo haya hecho a propósito, pero el soneto del mismo poeta, titulado «Al partir», es un complemento perfecto, ya que justifica la actitud de la madre y confirma la sabiduría del padre ante la incipiente independencia de su hijo. En este otro soneto, Sáenz Cordero ya no hace las veces de padre sino del hijo que anuncia su despedida del hogar:
Madre, me voy, Quijote a la ventura,
sin rumbo cierto y por cualquier camino;
mas no temas: Yo soy un peregrino
que bajo el traje lleva su armadura.
Confiado iré bajo la noche oscura,
y sordo a los rigores del Destino;
puesta mi mano, sin temor mezquino,
de mi espada en la fina empuñadura.
Si no vuelvo, si muero, si algún día
oyes decir que me encontró la gente
bajo un árbol tendido en agonía,
en vez de triste muéstrate sonriente;
y afirma que murió con alegría
el que supo morir como un valiente.2
¡Qué bien logradas las imágenes iniciales del niño que halla refugio en los brazos de su padre y amor en las manos de su madre, como también las imágenes finales del joven que ha aprendido bien la lección de «que es por el golpe y la caída... que el niño se convierte en hombre»! Tanto es así que a ese hijo lo vemos dispuesto a jugarse el todo por el todo, cual Quijote encarnado, sin temor alguno.
Por algo será que Dios dispuso que, de ser posible, todo niño en sus años formativos disfrutara del cuidado de un padre y del calor de una madre; y que ese padre y esa madre se amaran entrañablemente, dando así ejemplo de afecto conyugal a esos pequeños a quienes tienen el gran privilegio de criar. Pues de hacerlo así, éstos a su vez tendrán hijos a quienes darán ejemplo de cuidado paternal y amor constante, y el ciclo se perpetuará para beneficio de la familia y de la sociedad, cualquiera que sea su cultura y el país en el que vivan. Por eso el sabio Salomón comienza el libro de Proverbios, haciendo él mismo las veces de padre, con este consejo: «Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar.»3
1 Jorge Sáenz Cordero, El soneto en la poesía costarricense, ed. Francisco Zúñiga Díaz (San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1979), p. 172; Jorge Sáenz Cordero, Antología poética, 1a. ed. (San José, Costa Rica: EUNED, 1996), p. 16.
2 Sáenz Cordero, Antología poética, p. 4.
3 Pr 1:8-9
lunes, 20 de junio de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
PARODIA POLÍTICA DEL SALMO 23
PARODIA POLÍTICA DEL SALMO 23
por Carlos Rey
La siguiente parodia política del Salmo 23 se basa en la revisión de 1960 de la respetada traducción de Casiodoro de Reina revisada por Cipriano de Valera. No se trata de rebajar el texto sagrado ni de profanarlo, sino de poner de relieve lo mucho que ese texto sigue influyendo en nuestra cultura. El autor, que es desconocido, se vale del recurso literario de la imitación burlesca para hacernos ver a la inversa, con sus indirectas, el mensaje del salmista David. Así, de forma atrevida, refuerza las palabras de David en el Salmo 20, que dice: «Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios.»1 Esta es, entonces, la parodia política del Salmo 23, con la cual su autor critica los sistemas políticos que son fruto de los designios humanos:
El señor presidente es mi pastor; en nada me ayudará.
En lugares de delicados pastos me promete falsamente que me hará descansar;
junto a aguas contaminadas me pastoreará.
Conmocionará mi alma con el alto costo de la vida;
me guiará por sendas de injusticia por amor de su nombre.
Andaré en valle de sombra de fuerte endeudamiento.
Temeré abundantes males porque él está conmigo.
Las industrias paradas y los disidentes acallados me infundirán desaliento.
Adereza nuevos impuestos delante de mí en presencia de mis angustiadores.
Unge mi sueldo con inflación de modo que mis gastos superen mis ingresos.
Ciertamente la pobreza y las horas difíciles me seguirán todos los días de su gobierno,
y en casa alquilada moraré por largos días.
Tal vez el único modo de hacer justicia, no sólo al texto original sino también al que se identifica con las palabras de esta parodia, es recitar el Salmo 23 según la traducción de la Nueva Versión Internacional en el español que hablamos en la actualidad. Dice así:
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.
Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.
La bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.2
El mensaje central del salmo es «porque tú estás a mi lado». Esto no debe extrañarnos, pues el tema «Dios con nosotros» es el hilo que une el texto sagrado de principio a fin. Si de veras queremos que Dios nos acompañe para que nos vaya bien ahora y para siempre, más vale que reconozcamos como nuestro Pastor al Señor de señores y Rey de reyes. Lo cierto es que nunca ha habido ni habrá jamás presidente alguno que se le pueda comparar.
1Sal 20:7
2Salmo 23
por Carlos Rey
La siguiente parodia política del Salmo 23 se basa en la revisión de 1960 de la respetada traducción de Casiodoro de Reina revisada por Cipriano de Valera. No se trata de rebajar el texto sagrado ni de profanarlo, sino de poner de relieve lo mucho que ese texto sigue influyendo en nuestra cultura. El autor, que es desconocido, se vale del recurso literario de la imitación burlesca para hacernos ver a la inversa, con sus indirectas, el mensaje del salmista David. Así, de forma atrevida, refuerza las palabras de David en el Salmo 20, que dice: «Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios.»1 Esta es, entonces, la parodia política del Salmo 23, con la cual su autor critica los sistemas políticos que son fruto de los designios humanos:
El señor presidente es mi pastor; en nada me ayudará.
En lugares de delicados pastos me promete falsamente que me hará descansar;
junto a aguas contaminadas me pastoreará.
Conmocionará mi alma con el alto costo de la vida;
me guiará por sendas de injusticia por amor de su nombre.
Andaré en valle de sombra de fuerte endeudamiento.
Temeré abundantes males porque él está conmigo.
Las industrias paradas y los disidentes acallados me infundirán desaliento.
Adereza nuevos impuestos delante de mí en presencia de mis angustiadores.
Unge mi sueldo con inflación de modo que mis gastos superen mis ingresos.
Ciertamente la pobreza y las horas difíciles me seguirán todos los días de su gobierno,
y en casa alquilada moraré por largos días.
Tal vez el único modo de hacer justicia, no sólo al texto original sino también al que se identifica con las palabras de esta parodia, es recitar el Salmo 23 según la traducción de la Nueva Versión Internacional en el español que hablamos en la actualidad. Dice así:
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.
Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.
Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.
La bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.2
El mensaje central del salmo es «porque tú estás a mi lado». Esto no debe extrañarnos, pues el tema «Dios con nosotros» es el hilo que une el texto sagrado de principio a fin. Si de veras queremos que Dios nos acompañe para que nos vaya bien ahora y para siempre, más vale que reconozcamos como nuestro Pastor al Señor de señores y Rey de reyes. Lo cierto es que nunca ha habido ni habrá jamás presidente alguno que se le pueda comparar.
1Sal 20:7
2Salmo 23
martes, 10 de mayo de 2011
«LAS MANOS DE MI MADRE»
«LAS MANOS DE MI MADRE»
por Carlos Rey
(Día de la Madre en El Salvador)
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras...
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan ellas!
Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades…
¡Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción:
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
Aprended de blancuras en las manos maternas.)
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!2
1Alfredo Espino, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), p. 127.
2Francisco Andrés Escobar, «Con el alma descalza»: Introducción a Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), pp. 11,13,14.
3Is 66:13
42Co 1:3-4
www.conciencia.net
por Carlos Rey
(Día de la Madre en El Salvador)
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras...
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan ellas!
Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades…
¡Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas!
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción:
¡son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
Aprended de blancuras en las manos maternas.)
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con ternezas!2
1Alfredo Espino, Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), p. 127.
2Francisco Andrés Escobar, «Con el alma descalza»: Introducción a Jícaras tristes (Santa Tecla, El Salvador: Clásicos Roxsil, 2001), pp. 11,13,14.
3Is 66:13
42Co 1:3-4
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viernes, 22 de abril de 2011
PARÁBOLA DE LAS FLEXIONES DE PECHO
PARÁBOLA DE LAS FLEXIONES DE PECHO
por Carlos Rey
Esteban era el alumno más fornido de la clase de religión del profesor Pérez. Un día el profesor le pidió que se quedara un rato después de la clase, y le preguntó:
—¿Cuántas flexiones de pecho puedes hacer?
—¿Flexiones de pecho?
—Sí, también se conocen como planchas y lagartijas.
—¡Ah! Puedo hacer sesenta —le contestó Esteban.
—¿Sesenta? ¡Muy bien, Esteban! —lo felicitó el profesor—. ¿Crees que podrías hacer ciento veinte?
—No sé —respondió Esteban—; nunca he hecho ciento veinte seguidas.
—¿Qué tal si las haces en series de cinco? Para que mi plan dé resultado, necesito que este viernes hagas ciento veinte en series de cinco. ¿Crees que puedes hacerlo?
—Bueno, creo que sí. Por lo menos puedo intentarlo.
Y así quedaron. Ese viernes al comienzo de la clase el profesor Pérez sacó una caja llena de las galletas predilectas de todos.
El profesor se acercó a la primera niña en la primera fila y le preguntó:
—María, ¿quieres una galleta?
María respondió:
—Sí, gracias.
—Entonces el profesor se volvió a Esteban y le preguntó:
—Esteban, ¿puedes hacer cinco flexiones de pecho para que María reciba una galleta?
—Claro —dijo Esteban—, y comenzó a hacer cinco flexiones.
Tan pronto como Esteban terminó de hacerlas, el profesor puso una galleta sobre el pupitre de María. De ahí pasó a José, el próximo alumno, y le preguntó:
—José, ¿quieres una galleta?
Cuando José le dijo que sí, el profesor le pidió a Esteban que hiciera otras cinco flexiones, Esteban las hizo, y José también recibió su galleta.
Así procedieron hasta que terminaron la primera fila. Esteban hizo cinco flexiones por persona para que cada una pudiera recibir su galleta. En la segunda fila llegaron a Pedro, el capitán del equipo de fútbol. Cuando el profesor le preguntó si quería una galleta, Pedro respondió:
—¿Acaso no puedo hacer las flexiones yo mismo?
—No, las tiene que hacer Esteban —le contestó el profesor.
—Entonces yo no quiero una galleta —replicó Pedro.
No obstante, el profesor le pidió a Esteban que hiciera cinco flexiones de pecho para que Pedro recibiera la galleta que no quería, y le dijo a Pedro que si no quería la galleta, que la dejara encima del pupitre.
Al ver que Esteban sudaba y que ya no volvía a levantarse entre series porque le exigía demasiado esfuerzo, los alumnos de la tercera fila dijeron uno tras otro que no querían la galleta. Sin embargo, cada vez que Esteban hacía otras cinco flexiones, el profesor ponía una galleta en el siguiente pupitre.
Al final de la cuarta fila, los brazos de Esteban le temblaban con cada flexión, y gotas de sudor le corrían por el rostro, así como las lágrimas de los alumnos que lo observaban. Cuando terminó de hacer la última flexión, consciente de que había logrado hacer todas las flexiones necesarias, sintió que se le desplomaron los brazos y cayó de bruces contra el piso.
El profesor Pérez dijo entonces:
—Fue así como nuestro Salvador Jesucristo exclamó con fuerza: «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!»1 Y consciente de que había hecho todo lo necesario para pagar el precio de nuestra salvación, se desplomó en la cruz y murió, aun por los que no querían aceptar esa salvación.
1.Lc 23:46
por Carlos Rey
Esteban era el alumno más fornido de la clase de religión del profesor Pérez. Un día el profesor le pidió que se quedara un rato después de la clase, y le preguntó:
—¿Cuántas flexiones de pecho puedes hacer?
—¿Flexiones de pecho?
—Sí, también se conocen como planchas y lagartijas.
—¡Ah! Puedo hacer sesenta —le contestó Esteban.
—¿Sesenta? ¡Muy bien, Esteban! —lo felicitó el profesor—. ¿Crees que podrías hacer ciento veinte?
—No sé —respondió Esteban—; nunca he hecho ciento veinte seguidas.
—¿Qué tal si las haces en series de cinco? Para que mi plan dé resultado, necesito que este viernes hagas ciento veinte en series de cinco. ¿Crees que puedes hacerlo?
—Bueno, creo que sí. Por lo menos puedo intentarlo.
Y así quedaron. Ese viernes al comienzo de la clase el profesor Pérez sacó una caja llena de las galletas predilectas de todos.
El profesor se acercó a la primera niña en la primera fila y le preguntó:
—María, ¿quieres una galleta?
María respondió:
—Sí, gracias.
—Entonces el profesor se volvió a Esteban y le preguntó:
—Esteban, ¿puedes hacer cinco flexiones de pecho para que María reciba una galleta?
—Claro —dijo Esteban—, y comenzó a hacer cinco flexiones.
Tan pronto como Esteban terminó de hacerlas, el profesor puso una galleta sobre el pupitre de María. De ahí pasó a José, el próximo alumno, y le preguntó:
—José, ¿quieres una galleta?
Cuando José le dijo que sí, el profesor le pidió a Esteban que hiciera otras cinco flexiones, Esteban las hizo, y José también recibió su galleta.
Así procedieron hasta que terminaron la primera fila. Esteban hizo cinco flexiones por persona para que cada una pudiera recibir su galleta. En la segunda fila llegaron a Pedro, el capitán del equipo de fútbol. Cuando el profesor le preguntó si quería una galleta, Pedro respondió:
—¿Acaso no puedo hacer las flexiones yo mismo?
—No, las tiene que hacer Esteban —le contestó el profesor.
—Entonces yo no quiero una galleta —replicó Pedro.
No obstante, el profesor le pidió a Esteban que hiciera cinco flexiones de pecho para que Pedro recibiera la galleta que no quería, y le dijo a Pedro que si no quería la galleta, que la dejara encima del pupitre.
Al ver que Esteban sudaba y que ya no volvía a levantarse entre series porque le exigía demasiado esfuerzo, los alumnos de la tercera fila dijeron uno tras otro que no querían la galleta. Sin embargo, cada vez que Esteban hacía otras cinco flexiones, el profesor ponía una galleta en el siguiente pupitre.
Al final de la cuarta fila, los brazos de Esteban le temblaban con cada flexión, y gotas de sudor le corrían por el rostro, así como las lágrimas de los alumnos que lo observaban. Cuando terminó de hacer la última flexión, consciente de que había logrado hacer todas las flexiones necesarias, sintió que se le desplomaron los brazos y cayó de bruces contra el piso.
El profesor Pérez dijo entonces:
—Fue así como nuestro Salvador Jesucristo exclamó con fuerza: «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!»1 Y consciente de que había hecho todo lo necesario para pagar el precio de nuestra salvación, se desplomó en la cruz y murió, aun por los que no querían aceptar esa salvación.
1.Lc 23:46
LEER DE ARRIBA HACIA ABAJO Y LUEGO DE ABAJO HACIA ARRIBA
Con cariño: Los Políticos
Nosotros cumplimos con lo que prometemos.
Sólo los necios pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transparencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean - o añoran - que
se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.
No permitiremos de ningún modo que
nuestros niños mueran de hambre..
Cumpliremos nuestros propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
Comprendan desde ahora que
Somos la 'nueva política'.
Convincente, ¿verdad? .. Ahora leelo de abajo hacia arriba renglón a renglón...
QUE OPINAS...requetebueno...........................
Nosotros cumplimos con lo que prometemos.
Sólo los necios pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transparencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean - o añoran - que
se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.
No permitiremos de ningún modo que
nuestros niños mueran de hambre..
Cumpliremos nuestros propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
Comprendan desde ahora que
Somos la 'nueva política'.
Convincente, ¿verdad? .. Ahora leelo de abajo hacia arriba renglón a renglón...
QUE OPINAS...requetebueno...........................
lunes, 18 de abril de 2011
«TE DESEO...»
«TE DESEO...»
por Carlos Rey
Primero te deseo que ames,
y que, al amar, también seas amado,
y que, de no ser así, seas breve en olvidar,
y que, después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo además que no estés solo,
pero que si lo estuvieras, sepas estarlo sin desesperarte.
Deseo también que tengas amigos,
y que aun los malos e inconsecuentes sean valientes y fieles,
y que por lo menos haya uno que sea digno de tu confianza.
Y porque la vida es así, deseo además que tengas enemigos,
ni muchos ni pocos, sino en la medida equilibrada,
para que algunas veces pongas en duda tus propias certidumbres,
y que entre tus enemigos haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.
Deseo así mismo que seas útil, pero no indispensable,
y que en los momentos malos, cuando no quede nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
De igual modo deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil,
sino con los que se equivocan mucho y sin remedio,
y que, haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a los demás.
Deseo que, siendo joven, no madures muy deprisa,
y que, ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que, siendo viejo, no te entregues a la desesperanza;
porque cada edad tiene su placer y su dolor,
y hay que darles su lugar en nosotros.
Dicho sea de paso, deseo que estés triste,
no todo el año ni un mes, y ni siquiera una semana,
sino un día nada más; pero que en ese día de tristeza descubras
que la risa diaria es buena, la risa habitual es vana y la risa constante es insensata.
Deseo que descubras, con máxima urgencia,...
que existen y te rodean víctimas de injusticia, oprimidas e infelices....
Deseo incluso que acaricies un gato, alimentes un pájaro
y oigas un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera te sentirás bien sin haber hecho nada importante.
Deseo también que siembres tu semilla, por más ridículo que parezca su tamaño,
y que la acompañes en su crecimiento cada día
para que sepas de cuántas vidas está formado un árbol.
. . . . . . . . . .
Deseo además que seas frugal, pero no de un modo exagerado sino bien pensado;
pero que esa frugalidad no impida que te des un gusto de vez en cuando.
Deseo también que ninguno de tus afectos se extinga, por tu causa,
pero que si se extingue alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Por último, te deseo que, siendo hombre, tengas una buena mujer,
y que, siendo mujer, tengas un buen hombre.
Y que se amen hoy, mañana y al día siguiente,
no de forma esporádica sino de modo constante desde ahora en adelante,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes, aún tengan amor para volver a comenzar.
Y si todo esto llegara a suceder, no tendría nada más que desearte.1
Tal vez lo único de veras importante que el poeta brasileño Sérgio Jockymann pudo también haberle deseado al destinatario de estos emotivos versos que publicó en 1978 fuera lo siguiente que San Pablo, el venerado apóstol, les desea con vehemencia a sus destinatarios en Éfeso: que «puedan comprender... cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento».2
1Sérgio Jockymann, «Os Votos», Jornal Folha da Tarde, Porto Alegre, R.S., Brasil, 30 diciembre 1978
www.conciencia.net
por Carlos Rey
Primero te deseo que ames,
y que, al amar, también seas amado,
y que, de no ser así, seas breve en olvidar,
y que, después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo además que no estés solo,
pero que si lo estuvieras, sepas estarlo sin desesperarte.
Deseo también que tengas amigos,
y que aun los malos e inconsecuentes sean valientes y fieles,
y que por lo menos haya uno que sea digno de tu confianza.
Y porque la vida es así, deseo además que tengas enemigos,
ni muchos ni pocos, sino en la medida equilibrada,
para que algunas veces pongas en duda tus propias certidumbres,
y que entre tus enemigos haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.
Deseo así mismo que seas útil, pero no indispensable,
y que en los momentos malos, cuando no quede nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
De igual modo deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil,
sino con los que se equivocan mucho y sin remedio,
y que, haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a los demás.
Deseo que, siendo joven, no madures muy deprisa,
y que, ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que, siendo viejo, no te entregues a la desesperanza;
porque cada edad tiene su placer y su dolor,
y hay que darles su lugar en nosotros.
Dicho sea de paso, deseo que estés triste,
no todo el año ni un mes, y ni siquiera una semana,
sino un día nada más; pero que en ese día de tristeza descubras
que la risa diaria es buena, la risa habitual es vana y la risa constante es insensata.
Deseo que descubras, con máxima urgencia,...
que existen y te rodean víctimas de injusticia, oprimidas e infelices....
Deseo incluso que acaricies un gato, alimentes un pájaro
y oigas un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera te sentirás bien sin haber hecho nada importante.
Deseo también que siembres tu semilla, por más ridículo que parezca su tamaño,
y que la acompañes en su crecimiento cada día
para que sepas de cuántas vidas está formado un árbol.
. . . . . . . . . .
Deseo además que seas frugal, pero no de un modo exagerado sino bien pensado;
pero que esa frugalidad no impida que te des un gusto de vez en cuando.
Deseo también que ninguno de tus afectos se extinga, por tu causa,
pero que si se extingue alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Por último, te deseo que, siendo hombre, tengas una buena mujer,
y que, siendo mujer, tengas un buen hombre.
Y que se amen hoy, mañana y al día siguiente,
no de forma esporádica sino de modo constante desde ahora en adelante,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes, aún tengan amor para volver a comenzar.
Y si todo esto llegara a suceder, no tendría nada más que desearte.1
Tal vez lo único de veras importante que el poeta brasileño Sérgio Jockymann pudo también haberle deseado al destinatario de estos emotivos versos que publicó en 1978 fuera lo siguiente que San Pablo, el venerado apóstol, les desea con vehemencia a sus destinatarios en Éfeso: que «puedan comprender... cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento».2
1Sérgio Jockymann, «Os Votos», Jornal Folha da Tarde, Porto Alegre, R.S., Brasil, 30 diciembre 1978
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